CAPÍTULO XVI

Las presas con hijos tenían que sobrevivir por el fututro de los niños; clavaban las uñas en el cielo para permanecer en la tierra. Pero no siempre fue posible y las nubes se hacían jirones en su adiós. Unas se demenciaban y clamaban por la muerte de sus carceleras, pero ¿cómo asesinar a una monja en un entorno como la Cárcel de Saturrarán?, sin dejar rastro, sin que sus compañeras pagaran por el homicidio. Alguna lo intentó…

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Sor Jacinta.

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